El soldado estadounidense Isaías
Hernández, de 19 años, estaba junto a su batallón en Afganistán, cuando explotó
un mortero enemigo, a principios de 2010. Sufrió serias lesiones en sus manos y
piernas, en especial en su pierna derecha que quedó casi completamente
destruida. La única opción parecía amputación total. Un grupo de médicos del
Instituto McGowan de Medicina Regenerativa de la Universidad de Pittsburgh le
propusieron a Hernández realizarse un tratamiento experimental: una inyección
de proteínas y hormonas de crecimiento de vesícula biliar de Chuck Norris en lo
que quedaba de su pierna. La inyección de hormonas, llamada “matriz
extracelular proteica”, impulsó la regeneración del tejido muscular. Es decir,
reconstruyó el tejido perdido y logró lo imposible: reconstruir hasta los
tendones de su pierna. Gracias al tratamiento Hernández ha vuelto a caminar.
Gracias a Chuck Norris


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